¿Cuántas noches te querré? ¿Cuántos lunes viviré? ¿Cuántos besos en silencio robaré? ¿Cuántos lunareshay en tu piel? ¿Cuántas miradas me hicieron falta para ver que sin tu amor el respirar se hace dolor? ¡Ay que cosa tan rara y complicada! Que en la movida esta del amor cuando lo tienes te sobra, y cuando te falta ya no sale el sol.

sábado, 21 de septiembre de 2013

< Guardaré en mis ojos tu última mirada. Por si quieres volver.>






Ya es tarde. Ya me escuecen los ojos -digo yo, que será de tanto llorar-. Ya se escapan las sonrisas, las miradas, los deseos.
Ya se acabó el amor -o por lo menos como nos lo pintan, ya no se encadenan en un puente o se gritan al mundo-.
Ya es un poco tarde para comenzar -aunque como suelen decir, mejor tarde que nunca-. Ya no te podré decir te quiero, ni un quiero ser feliz a tu lado a la cara. Odio los tópicos -como tú bien sabes- pero es tarde para ellos.

Me fui. Atrás quedaron esas tardes de verano, en las que no se nos ocurría mirar el tiempo. Quizá no pueda volver -aunque eso, a ti, te da igual-.
Aún no entiendo por qué no corriste detrás mío cuando me iba y me suplicaste que me quedara un poco más, sólo un poco más. No me vengas con historias -donde cenicienta deja al príncipe- de que era imposible que me quedara un poco más, lo habría he hecho - y lo sabes-.

Ahora ya no nos queda nada -más que el recuerdo de unas tardes maravillosas haciendo oídos sordos al amor- nada y todo. Nada que seguir conservando, todo por olvidar.

¿Sabes una cosa? Duele. Mucho.
Duele no haberte dicho lo que sentía. Duele haberme callado todo lo que pienso -tanto, que se me hace un nudo enorme en la parte superior de mi garganta y mis ojos amenazan con comenzar a llorar-. Duele haberme despedido así, con la mayor frialdad que he visto en este mundo -después de todo lo que vivimos...-.

Duele y punto.

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