¿Cuántas noches te querré? ¿Cuántos lunes viviré? ¿Cuántos besos en silencio robaré? ¿Cuántos lunareshay en tu piel? ¿Cuántas miradas me hicieron falta para ver que sin tu amor el respirar se hace dolor? ¡Ay que cosa tan rara y complicada! Que en la movida esta del amor cuando lo tienes te sobra, y cuando te falta ya no sale el sol.

viernes, 5 de julio de 2013

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¿Qué haces cuándo no te soportas a ti misma? ¿Qué haces cuándo lo único que quieres es no ser tú? ¿Cuándo lo único que quieres es alejarte de ti misma?

¿Qué haces? ¿Te das de hostias contigo misma? ¿Te dejas de hablar? ¿Dejas de quedar contigo misma? ¿Qué puedes hacer?

No lo sabes. No sabes que hacer, todo te parece imposible. ¿Cómo vas a pegarte a ti misma? Macabro. ¿Cómo vas a dejarte de hablar, o cómo vas a dejar de verte? Imposible.

No conoces la respuesta correcta a estas preguntas, pero un día, un misterioso día, te das cuenta de que si que existe una respuesta, la que al menos aliviará ese dolor por el odio que sientes hacia ti. Esa respuesta es una persona. Sí, una persona es la que alivia tu odio.

Pero, (si, hay un puto pero) hay un pequeño problema, en algunas ocasiones (en muchas de ellas desgraciadamente) esa persona no quiere ser tu medicina, no piensa aliviarte, sino sólo conocerte.
Yo necesito a esa persona, necesito saber que soy capaz de amar, que soy especial, que soy igual a los demás, pero diferente.
Necesito saber qué lo que hago está bien, que las cosas están bien, y que yo también se hacer algunas cosas bien.

He tenido la suerte de conocer a esa persona, saber quien es; pero he tenido la mala suerte de que esa persona no quiera saber nada de mi.
Pero a pesar de eso, he tenido la buena suerte de conocer Blogger, dónde he conocido gente genial, con la que me siento yo misma, y me hacen la existencia un poquito mejor.

Bueno,

Sonrisas verdaderas de la que se muere por no odiarse, pero que no lo puede evitar.

Laura a las diez menos cuarto.

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19 de marzo de 2034
Honey,

Sé que lo hemos dejado.
Sé que no quieres saber nada de mi.
Y sé que odias mis cartas.

A lo que vamos, pensé que te gustaría tener...esto...¿cómo era?... ah, si, ya lo tengo...'nuestra lista de mayores placeres del universo', eso es. ¿Te acuerdas qué la escribimos en una tarde lluviosa de marzo?

Te puedo decir, cariño, con gran seguridad, que aquel fue el día más feliz de mi relación contigo. Ni cuándo nos conocimos, ni nuestras primeras veces, ni cuándo me pediste casarme contigo, ni cuándo nacieron nuestros preciosos hijos. Ningún día de esos superó aquel diecinueve de marzo, en el que descubrimos que lo nuestro era cierto, lástima que se terminó.

Bueno, basta ya de mi cháchara, te copio nuestra preciada lista.
Por cierto, no me importa si la compartes con otras, si la rompes o la quemas, o si, por algún casual, decides guardártela para ti, como un bonito recuerdo de nuestra magia.

Aquí está.

- Las tardes de cine casero.
- Los besos en la mejilla demasiado cerca de la boca.
- La ropa recién lavada.
- Las mañanas de domingo en la cama.
- La lluvia en la cara.
- Tú y yo cocinando.
- La comida de tu madre.
- Las cerezas.
- Las sonrisas de los niños.
- Las mil y una formas de hacerme el amor.
- Las tardes largas llenas de música.
- Mi pop dulce combinado con tu rock duro.
- Las noches de San Juan.
- Los bacardi-limón.
- Los buenos fuegos artificiales.
- Un buen libro con un buen café.
- Que te canten una canción.
- Los susurros.
- El cielo de Barcelona.

No voy a añadir nada más, no quiero estropear el precioso momento que estarás reviviendo con mi carta.

Te quiere, siempre tuya, la que echa de menos tus noches, tus días y tus cartas llenas de amor.