¿Cuántas noches te querré? ¿Cuántos lunes viviré? ¿Cuántos besos en silencio robaré? ¿Cuántos lunareshay en tu piel? ¿Cuántas miradas me hicieron falta para ver que sin tu amor el respirar se hace dolor? ¡Ay que cosa tan rara y complicada! Que en la movida esta del amor cuando lo tienes te sobra, y cuando te falta ya no sale el sol.

miércoles, 3 de octubre de 2012

Tengo hambre de ti...


30 de Septiembre. Otoño. Frío. Hojas. Árboles. Color. Noches...

Es de noche. Una noche estrellada.

Recuerdo, que aquel día ni me miraste. Te miré, y tu sentiste ese revoloteo en el estómago. Yo también.

Te acercas a mí. Me cojes por la cintura y me estrujas bien fuerte, no quieres que me vaya. Me miras a los ojos, me cojes dulcemente la cara, la pones enfrente de la tuya, y me besas lentamente.
Caminamos al lado, ninguno habla, solo nos miramos. Llegamos a un edificio, enorme, y entramos, en silencio.
No pregunto, solo te sigo. Me vuelves a besar y vamos al piso más alto, me dan miedo las alturas, pero no te digo nada.
Estamos en el ático y salimos a un balcón, el doble de grande que los demás del edificio.
Te sientas y yo encima tuyo. Empieza a llover, en esta noche estrellada, nos da igual, nos mojamos mientras nos basamos apasionadamente.
Las estrellas nos iluminan, desnudos en ese colchón al aire libre, a no llueve, pero nos da todo absolutamente igual, solo existimos tu y yo, nosotros, esos nuevos Romeo y Julieta.

Volvemos a amarnos, una y otra vez en esta noche interminable. Y sé, que no voy a encontrar a nadie mejor que tú, porque eres tú y ya está. No serás el más listo, ni yo las más guapa, no seremos esa pareja perfecta que todos dicen que haría con aquel otro joven, guapo y millonario. No, simplemente somos nosotros, nos amamos así y punto.
Suenan unas campanas, retumban en la noche, doce campanadas exactamente, recojo mis cosas y me voy, así, soy tu Cenicienta, y se me desvanace ese sueño a la medianoche, debo volver a casa.

- Me tengo que ir
- Quédate un poco más.
- ¿Y mis padres?
- No vuelvas, solo quedate a mi lado, aquí, conmigo.
- Te amo, y quiero quedarme, pero llamarán a la policía.
- Simplemente acompañame, ven conmigo a un viaje, al viaje de los enamorados. Allí nadie no judga por ser diferentes, solo existimos tu y yo, nosotros.
- Sí, a tres metros sobre el cielo ¿no?
- No, muchísimo más, allí solo podemos llegar nosotros, al infinito.
- No puedo callar más, necesito gritar al mundo que te quiero.

No hablamos más, vuevo dentro, necesito saber que él también me quiere, y aquí tengo la prueba.
Me desnuda lentamente de nuevo, acaricia mi ropa interior y nos tumbamos en el colchón hinchable del balcón.
Vuelve a llover, típico del otoño de Madrid.
Nos amamos igualmente, ya nada importa. Y estoy allí, en ese lugar tan esperado, estoy en el infinito, y con él.

Ya son las cuatro de la madrugada, y sigo allí, junto al él.
Duermo, en su cuerpo, somo tan solo uno.
Amanece, yo sigo dormida, allí, en su regazo.
- Buenos días princesa, he soñado toda la noche contigo. Íbamos al cine, y tu llevabas aquel vestido rosa que me gusta tanto. Solo pienso en ti princesa, pienso siempre en ti.
Tengo una sonrisa enorme en la cara, no quiero que termine jamás. Quiero que sea esa historia interminable, porque estando juntos no se me pasa el tiempo.
- Tengo hambre...
- Ven he preparado el desayuno.
- Tengo hambre de ti.

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